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El homicidio y la responsabilidad colectiva
Auden plantea una paradoja incómoda: cuando alguien comete un asesinato, destruye tanto la vida de la víctima como la capacidad de esa persona para exigir justicia por sí misma. La víctima desaparece del diálogo, del proceso, de cualquier posibilidad de participar en su propia reparación. Por eso la sociedad debe intervenir. No como vengador, sino como sustituto de quien ya no puede hablar. Este desplazamiento es crucial: la justicia deja de ser un asunto privado entre agresor y agredido para convertirse en una cuestión pública.
Las implicaciones son profundas. Auden sugiere que toda respuesta al homicidio (castigo o clemencia) debe legitimarse a través de la comunidad, no del resentimiento personal. La sociedad que elige la expiación asume una responsabilidad moral específica; la que opta por el perdón, otra igualmente compleja. Ambas opciones requieren que la colectividad se pregunte en serio por qué castiga o perdona, transformando un acto de violencia privada en una reflexión sobre los valores compartidos.
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“La pobreza es la peor forma de violencia”
“Las acciones correctas para el futuro son la mejor disculpa de las equivocaciones del pasado”
“La prueba para saber si puedes hacer un trabajo o no, no debería depender de la organización de tus cromosomas”
“Quien discute sobre si se puede matar a la propia madre no merece argumentos sino azotes.”
Más frases de W. H. Auden
“Las palabras de un hombre muerto se modifican en las entrañas de los vivientes.”
“El mal es vulgar y siempre humano, y duerme en nuestra cama y come en nuestra mesa.”
“Estamos en la tierra para ayudar a otros: para qué están los otros en la tierra no lo sé.”
“Un poeta es, ante todo, una persona apasionadamente enamorada del lenguaje.”
“Guardad la luna y desmontad el sol, vaciad el océano y barred los bosques; porque ya nada puede servir para nada.”