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Significado
Una paradoja sobre el propósito humano
W. H. Auden plantea una asimetría incómoda: sabemos con claridad cuál es nuestra responsabilidad hacia otros, pero ignoramos completamente la razón de su existencia. La cita juega con esta contradicción sin resolverla. Sugiere que la ética precede a la metafísica, que podemos actuar con generosidad incluso sin comprender el sentido cósmico de las cosas. Nacemos con un deber que no pedimos y que tampoco podemos justificar filosóficamente.
El desapego irónico de Auden
El poeta británico era conocido por su escepticismo religioso y su distancia hacia las grandes certezas morales. Esta frase refleja su estilo: abandona la pretensión de responder preguntas últimas y se enfoca en lo observable, lo práctico. No proclama verdades universales, sino que señala el absurdo fundamental de nuestra condición. Hemos heredado la obligación de ser solidarios en un universo que no explica por qué existimos los demás.
Implicaciones contemporáneas
La ironía de Auden resiste la autocomplacencia. Nos desafía a actuar con humildad: servir a otros no porque lo hayamos elegido racionalmente, sino porque simplemente corresponde. Quizá el valor genuino reside en aceptar esta ignorancia y actuar de todas formas.
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“Las palabras de un hombre muerto se modifican en las entrañas de los vivientes.”
“El mal es vulgar y siempre humano, y duerme en nuestra cama y come en nuestra mesa.”
“El asesinato es lo único que elimina a la persona que hiere, de modo que la sociedad debe ocupar el lugar de la víctima y exigir en su nombre la expiación o conceder el perdón.”
“Un poeta es, ante todo, una persona apasionadamente enamorada del lenguaje.”
“Guardad la luna y desmontad el sol, vaciad el océano y barred los bosques; porque ya nada puede servir para nada.”