“Habiendo sido desterrado de su hogar y amigos, Dante creó en La Divina Comedia una nueva vida para sí. Privado de voz en Florencia, se recreó en la ficción y dio a este «yo» poético una voz que resonaría a través de los siglos. En el poema tenemos, en efecto, un «Dante virtual»: sabemos mucho más de ese Dante virtual (el «Dante-peregrino») que del autor histórico, y es ese yo virtual quien nos habla a través de los siglos y nos guía por el paisaje del alma medieval.”

Margaret Wertheim
Margaret Wertheim

Margaret Wertheim es una escritora y divulgadora científica australiana que integra ciencia, arte y humanidades para promover la comunicación pública de la ciencia mediante proyectos y enfoques interdisciplinarios.

1958

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Significado

Del destierro a la voz poética

El exilio no aparece aquí como mera desgracia biográfica, sino como terreno fértil para la reinvención. Al perder su lugar y su voz pública, el autor construyó mediante la creación poética una presencia alternativa: una voz poética que reclama autonomía frente a la ciudad que lo silenciaba. Esa figura peregrina narra, interpreta y representa experiencias que el individuo histórico no pudo expresar en su contexto político.

El yo literario como mapa de la memoria

La obra produce un Dante virtual cuyo registro es más accesible que el del autor real; el personaje del peregrino funciona como mediador entre una sensibilidad medieval y lectores posteriores. Esa separación entre biografía y persona literaria plantea preguntas sobre autenticidad y autoridad: la ficción no solo reproduce una identidad, la edifica y la proyecta a través del tiempo, convirtiendo el poema en un paisaje del alma donde se conservan, transformadas, las vivencias y tensiones históricas.

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Margaret Wertheim

“La asociación entre la religión y la ciencia basada en las matemáticas tiene sus orígenes en las brumas de la historia... en los albores de la cultura occidental, en la Grecia del siglo VI a. C. Cuando los griegos se alejaban del cuadro mitológico inmortalizado por Homero y Hesíodo, el filósofo jónico Pitágoras de Samos abrió una cosmovisión en la que las matemáticas eran la clave de la realidad; concebía el universo como un gran instrumento musical que resonaba con armonías matemáticas divinas... Para Pitágoras y sus seguidores, las matemáticas eran ante todo una actividad religiosa.”

“En todo el país se imparten cada año varios cientos de cursos de ciencia y religión. En un contexto cristiano, tres preguntas caracterizan gran parte del discurso: ¿Puede el universo descrito por la ciencia verse también como la creación del Dios judeocristiano? ¿Puede ese Dios actuar dentro del universo científico y, si es así, cómo? ¿Y puede la historia cristiana —con sus afirmaciones sobre la encarnación de Dios en Jesús de Nazaret y la promesa de la resurrección— seguir teniendo sentido a la luz de la ciencia moderna?”

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