“La asociación entre la religión y la ciencia basada en las matemáticas se remonta a los albores de la cultura occidental en la Grecia del siglo VI a.C. Pitágoras de Samos inauguró una cosmovisión en la que las matemáticas eran la clave de la realidad; concebía el universo como un gran instrumento musical resonando con armonías matemáticas divinas. Para él y sus seguidores, las matemáticas eran ante todo una actividad religiosa: creían que los números eran literalmente dioses y, al contemplarlos, buscaban la unión con lo 'divino'.”

Margaret Wertheim
Margaret Wertheim

Margaret Wertheim es una escritora y divulgadora científica australiana que integra ciencia, arte y humanidades para promover la comunicación pública de la ciencia mediante proyectos y enfoques interdisciplinarios.

1958

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Significado

Raíz histórica y cosmovisión pitagórica

En la Grecia del siglo VI a.C. surgió una forma de pensar que articulaba lo sagrado y lo cuantificable: Pitágoras y su escuela imaginaron los números como entidades con presencia moral y metafísica. La idea de un universo regido por proporciones y melodías llevó a concebir el mundo como un instrumento afinado por relaciones matemáticas, donde la contemplación numérica equivalía a una práctica devocional. Esa fusión convirtió la investigación numérica en un acto con carga religiosa, no solo técnica.

Consecuencias intelectuales y simbólicas

La asociación entre matemática y divinidad dejó huellas duraderas: legitima la confianza en modelos abstractos como acceso privilegiado a la realidad y otorga un aura casi mística a la exactitud. Al mismo tiempo plantea tensiones: la sacralización de la abstracción puede silenciar otras formas de conocimiento y justificar certezas que requieren crítica. Hoy la idea persiste en debates sobre si las matemáticas descubren un orden preexistente o fabrican estructuras útiles, y en la sensación estética que muchos científicos describen como cercana a lo reverencial.

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“La asociación entre la religión y la ciencia basada en las matemáticas tiene sus orígenes en las brumas de la historia... en los albores de la cultura occidental, en la Grecia del siglo VI a. C. Cuando los griegos se alejaban del cuadro mitológico inmortalizado por Homero y Hesíodo, el filósofo jónico Pitágoras de Samos abrió una cosmovisión en la que las matemáticas eran la clave de la realidad; concebía el universo como un gran instrumento musical que resonaba con armonías matemáticas divinas... Para Pitágoras y sus seguidores, las matemáticas eran ante todo una actividad religiosa.”

“En todo el país se imparten cada año varios cientos de cursos de ciencia y religión. En un contexto cristiano, tres preguntas caracterizan gran parte del discurso: ¿Puede el universo descrito por la ciencia verse también como la creación del Dios judeocristiano? ¿Puede ese Dios actuar dentro del universo científico y, si es así, cómo? ¿Y puede la historia cristiana —con sus afirmaciones sobre la encarnación de Dios en Jesús de Nazaret y la promesa de la resurrección— seguir teniendo sentido a la luz de la ciencia moderna?”

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