“La marcha de la Providencia es tan lenta y nuestros deseos tan impacientes; la obra del progreso es tan inmensa y nuestros medios para ayudarla tan débiles; la vida de la humanidad es tan larga, la del individuo tan breve, que a menudo sólo vemos el refluxo de la ola que avanza y nos desanimamos. Es la historia la que nos enseña a esperar.”
Militar y general estadounidense que dirigió los ejércitos de los Estados Confederados durante la Guerra de Secesión.
1807 – 1870
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Significado
Entre el tiempo humano y el tiempo histórico
La reflexión confronta dos ritmos: el lento andar de la Providencia y la urgencia inherente al deseo humano. Cuando la obra colectiva avanza a escala de siglos y nuestras capacidades resultan pequeñas, la sensación es la de ver solo retrocesos momentáneos. Esa constatación subraya la necesidad de perspectiva: aceptar que el cambio verdadero exige paciencia sostenida y reconocimiento de que la historia despliega resultados más allá de la vida individual.
Origen y consecuencias prácticas
Dicha observación surge de un hombre del siglo XIX que vivió una fractura nacional profunda, lo que le hizo valorar la paciencia histórica como consuelo y criterio. La lección tiene dos caras: por un lado, alienta la perseverancia razonada; por otro, corre el riesgo de convertirse en excusa para la inacción. La postura más responsable combina vigilancia activa con una mirada amplia que evalúe logros y retrocesos a través del tiempo.
Frases relacionadas
“Confía en el tiempo, que suele dar dulces salidas a muchas amargas dificultades”
“Tranquilo: al final todo llega.”
“Nunca cortes un árbol en invierno. Nunca tomes una decisión importante en tu punto más bajo. Nunca tomes tus decisiones más importantes cuando estás en tu peor estado de ánimo. Espera. Sé paciente; la tormenta pasará; la primavera llegará.”
“La paciencia es un árbol de raíz amarga pero de frutos muy dulces”
Más frases de Robert E. Lee
“Es bueno que la guerra sea tan terrible; de lo contrario nos volveríamos demasiado aficionados a ella.”
“Debemos perdonar a nuestros enemigos. Puedo decir sinceramente que no ha pasado un día desde que empezó la guerra en que no haya rezado por ellos.”
“No puedo consentir en poner bajo el control de otros a quien no puede controlarse a sí mismo.”
“No críen a sus hijos para que detesten a los Estados Unidos... Recuerden que ahora formamos un solo país. Abandonen todas esas animosidades locales y hagan estadounidenses a sus hijos.”
“No pude añadir nada sustancial a la información existente sobre el tema. Creo, además, que es más prudente no mantener abiertas las llagas de la guerra, sino seguir el ejemplo de aquellas naciones que se esforzaron por borrar las huellas de la contienda civil y condenar al olvido los sentimientos que ésta engendró.”