“La marcha de la Providencia es tan lenta y nuestros deseos tan impacientes; la obra del progreso es tan inmensa y nuestros medios para ayudarla tan débiles; la vida de la humanidad es tan larga, la del individuo tan breve, que a menudo sólo vemos el refluxo de la ola que avanza y nos desanimamos. Es la historia la que nos enseña a esperar.”

Robert E. Lee
Robert E. Lee

Militar y general estadounidense que dirigió los ejércitos de los Estados Confederados durante la Guerra de Secesión.

1807 – 1870

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Significado

Entre el tiempo humano y el tiempo histórico

La reflexión confronta dos ritmos: el lento andar de la Providencia y la urgencia inherente al deseo humano. Cuando la obra colectiva avanza a escala de siglos y nuestras capacidades resultan pequeñas, la sensación es la de ver solo retrocesos momentáneos. Esa constatación subraya la necesidad de perspectiva: aceptar que el cambio verdadero exige paciencia sostenida y reconocimiento de que la historia despliega resultados más allá de la vida individual.

Origen y consecuencias prácticas

Dicha observación surge de un hombre del siglo XIX que vivió una fractura nacional profunda, lo que le hizo valorar la paciencia histórica como consuelo y criterio. La lección tiene dos caras: por un lado, alienta la perseverancia razonada; por otro, corre el riesgo de convertirse en excusa para la inacción. La postura más responsable combina vigilancia activa con una mirada amplia que evalúe logros y retrocesos a través del tiempo.

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