“No es la cabeza, sino el corazón, el asiento del ateísmo.”

Mary Astell
Mary Astell

Fue una escritora inglesa.

1666 – 1731

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Significado

Corazón y razón en tensión

Mary Astell, escritora inglesa del siglo XVII preocupada por la educación y la moral, sitúa el origen del ateísmo en las pasiones humanas más que en argumentos fríos. La frase subraya una lectura moral: la incredulidad no sería el fruto principal de un proceso intelectual riguroso, sino de actitudes del ánimo como el orgullo, la indiferencia o el resentimiento. En el clima de debate religioso de su época, esa postura servía para explicar por qué ciertas personas rechazaban la fe: no por falta de prueba, sino por una disposición afectiva que cerraba el diálogo.

Motivaciones y efectos sociales

La idea tiene doble filo. Por un lado, reconoce que las convicciones religiosas se arraigan en afectos y prácticas, y por tanto los argumentos puramente racionales pueden quedarse cortos. Por otro lado, corre el riesgo de desestimar la crítica legítima al considerarla mera patología del corazón. Hoy plantea una lección útil para la discusión pública: atender emociones y condiciones sociales cuando se abordan creencias profundas, sin reducir la duda a un defecto moral.

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“¿Es el estar atado a aquel que nos ofende? ¿Por qué, mejor dicho, esto debería recomendársenos, y realmente lo haría si nos guiáramos por la razón y no por el humor y la pasión bruta? El que no hace de la amistad el principal incentivo de su elección, y la prefiere antes que cualquier otra consideración, no merece una buena esposa, y por lo tanto no debe quejarse si se queda sin una... La institución cristiana del matrimonio proporciona lo mejor que puede ser para la tranquilidad y la satisfacción doméstica y para la educación de los niños.”

“Los innumerables tratados de antigüedades, filosofía, matemáticas, historia natural y de otro tipo [...] escritos originalmente en, o traducidos a nuestra lengua, son suficientes para conducirnos un largo trecho en cualquier ciencia a la que nos incite la curiosidad. La mayor dificultad con que luchábamos fue la falta de un buen arte del razonamiento, que no tuvimos, que yo sepa, hasta que ese defecto fue suplido por Locke, cuyo Ensayo sobre el entendimiento humano compensa en gran medida la carencia de todos los demás de ese tipo.”

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