“Debe hacerse la tonta ante testigos; puede creer que un hombre, orgulloso y vanidoso como es, pondrá su jactanciosa autoridad, la dignidad y la prerrogativa de su sexo momentáneamente a sus pies, pero con la perspectiva de recuperarlas con mayor ventaja; puede llamarse su esclavo unos pocos días, pero sólo para hacerla suya durante el resto de su vida.”
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Significado
Estrategia de apariencia
Astell plantea la idea de que la mujer puede usar la aparente pasividad como táctica: hacerse la ingenua o sumisa delante de testigos para tocar la fibra del orgullo masculino y así ganar una ventaja duradera. Esa conducta no es simple resignación; funciona como maniobra psicológica que transforma la vanidad del hombre en vehículo para que ella recupere, a la larga, control y seguridad sobre su propia vida. La frase sugiere cálculo, paciencia y un conocimiento agudo de las jerarquías de poder.Contexto y consecuencias
Escribana del siglo XVII–XVIII, Mary Astell criticó las limitaciones legales y culturales que impedían la educación y la autonomía femenina, especialmente en el matrimonio. La estrategia que describe emerge de un escenario donde las opciones directas estaban cerradas: recurrir a la astucia significa tanto resistencia como concesión. Implica una reflexión moral compleja sobre medios y fines: revela la asimetría de poder y plantea hasta qué punto es legítimo emplear la lógica del opresor para subvertirla.Frases relacionadas
“Es curioso este juego del matrimonio. La mujer tiene siempre las mejores cartas y siempre pierde la partida.”
“Las mujeres son siempre autoritarias: siempre están por encima o por debajo; por eso el matrimonio viene a ser una suerte de poético balancín.”
“La felicidad de los grandes consiste no en sentirse felices, sino en comprender cuan felices piensan otros que han de ser ellos.”
“Una gran reputación es un gran ruido: cuando más aumenta, más se extiende; caen las leyes, las naciones, los monumentos; todo se desmorona. Pero el ruido subsiste.”
Más frases de Mary Astell
“Así, ya sea por el ingenio o por la belleza de la que un hombre esté enamorado, no hay grandes esperanzas de una felicidad duradera; la belleza, con todas las ayudas del arte, no tiene larga duración; cuanto mayor es, más pronto decae; y él, que sólo o principalmente eligió por la belleza, en poco tiempo encontrará la misma razón para otra elección.”
“De nuevo, si la soberanía absoluta no es necesaria en un Estado, ¿cómo puede serlo en una familia? O si lo es en una familia, ¿por qué no en un Estado, ya que ninguna razón que se dé para lo uno no se sostendría con más fuerza para lo otro?”
“¿Es el estar atado a aquel que nos ofende? ¿Por qué, mejor dicho, esto debería recomendársenos, y realmente lo haría si nos guiáramos por la razón y no por el humor y la pasión bruta? El que no hace de la amistad el principal incentivo de su elección, y la prefiere antes que cualquier otra consideración, no merece una buena esposa, y por lo tanto no debe quejarse si se queda sin una... La institución cristiana del matrimonio proporciona lo mejor que puede ser para la tranquilidad y la satisfacción doméstica y para la educación de los niños.”
“Los innumerables tratados de antigüedades, filosofía, matemáticas, historia natural y de otro tipo [...] escritos originalmente en, o traducidos a nuestra lengua, son suficientes para conducirnos un largo trecho en cualquier ciencia a la que nos incite la curiosidad. La mayor dificultad con que luchábamos fue la falta de un buen arte del razonamiento, que no tuvimos, que yo sepa, hasta que ese defecto fue suplido por Locke, cuyo Ensayo sobre el entendimiento humano compensa en gran medida la carencia de todos los demás de ese tipo.”
“Si todos los hombres nacen libres, ¿cómo es que las mujeres nacen esclavas?”