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La reputación propia y la obsesión ajena
Gracián observa una paradoja sobre cómo manejamos nuestra imagen pública. Cuando alguien ha perdido su prestigio o teme perderlo, tiende a compensar criticando, difamando o dañando la reputación de otros. Es un mecanismo de defensa: si todos están salpicados de barro, la propia mancha pasa desapercibida. Este comportamiento revela, precisamente, lo opuesto de lo que pretende lograr. La persona que dedica energías a destruir la fama ajena expone sus propias grietas.
Una lección sobre la madurez reputacional
La cita toca un aspecto incómodo de la naturaleza humana. Quien posee una reputación sólida raramente invierte tiempo en cuestionar la de otros; tiene poco que demostrar. Por el contrario, la inseguridad genera toxicidad. Gracián sugiere que la verdadera nobleza consiste en proteger el propio honor sin necesidad de hundir a terceros. El esfuerzo constante por manchar reputaciones ajenas funciona como confesión involuntaria: admite que la propia está ya comprometida.
Frases relacionadas
“Todos los aduladores son mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores.”
“No tiene importancia que maldigamos al vecino, siempre que no nos admiremos a nosotros mismos.”
“El amor propio, al igual que el mecanismo de reproducción del genero humano, es necesario, nos causa placer y debemos ocultarlo.”
“La victoria es por naturaleza insolente y arrogante.”
Más frases de Baltasar Gracián
“El que confía sus secretos a otro hombre se hace esclavo de él”
“La confianza es madre del descuido”
“Todo lo que realmente nos pertenece es el tiempo; incluso el que no tiene nada más, lo posee”
“La retentiva es el sello de la capacidad”
“No te pongas en el lado malo de un argumento simplemente porque tu oponente se ha puesto en el lado correcto”