Crear imagen
Elige un fondo:
Significado
El peligro oculto de la vanidad
Chesterton señala aquí una paradoja incómoda sobre la moralidad. Criticar a otros es casi inevitable en la convivencia social: los defectos ajenos saltan a la vista y resulta fácil señalarlos. Sin embargo, lo realmente destructivo no radica en esa tendencia humana a juzgar, sino en la ilusión de superioridad que la acompaña. El verdadero veneno moral brota cuando creemos estar libres de culpa, cuando nos vemos a nosotros mismos como excepciones elevadas en un mundo de mediocres.
La hipocresía invisible
El filósofo católico invierte nuestra preocupación habitual. Mientras gastamos energía en condenar los defectos ajenos, descuidamos el defecto más corrosivo: la vanidad que nos hace ciegos a nuestras propias faltas. Una persona consciente de su propia imperfección puede criticar sin caer en la soberbia. La admiración de uno mismo, en cambio, es el combustible que transforma la crítica legítima en crueldad injustificada. Aquí reside el verdadero daño moral: no en ver mal a otros, sino en vernos demasiado bien a nosotros mismos.
Frases relacionadas
“Quien no sabe mostrarse cortés, va al encuentro de los castigos de la soberbia.”
“Cuando fuiste martillo no tuviste clemencia, ahora que eres yunque, ten paciencia”
“Todos los aduladores son mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores.”
“No es bueno que los hombres sepan hasta que punto somos buenos.”
Más frases de Gilbert Keith Chesterton
“Puedo creer lo imposible pero no lo improbable”
“No hay cosas sin interés. Tan sólo personas incapaces de interesarse”
“La aventura podrá ser loca, pero el aventurero ha de ser cuerdo.”
“En todo aquello que vale la pena de tener, incluso en el placer, hay un punto de dolor o de tedio que ha de ser sobrevivido para que el placer pueda revivir y resistir.”
“El optimista cree en los demás y el pesimista sólo cree en sí mismo.”