“Todos los aduladores son mercenarios, y todos los hombres de bajo espíritu son aduladores.”

Aristóteles
Aristóteles

filósofo griego

384 AC-322 AC

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Significado

Adulación y servidumbre moral

Aristóteles vincula dos conceptos que parecen simples pero profundos: quien alaba falsamente lo hace por interés material, nunca por convicción genuina. La adulación se convierte así en un acto de transacción donde la sinceridad se intercambia por beneficio. Detrás de esta observación late una idea más incómoda: quien cae en la adulación revela la fragilidad de su carácter, su incapacidad para mantener dignidad frente a la presión o la tentación económica.

Implicaciones para la integridad

El filósofo establece una cadena causal donde la debilidad espiritual precede a la corrupción. No somos aduladores porque circunstancialmente necesitemos dinero, sino porque carecemos de firmeza interior para resistir esa necesidad. Esto desplaza la responsabilidad del adulador desde la mera supervivencia hacia sus propias elecciones morales. Una persona de carácter sólido puede estar en precariedad económica sin comprometer su honestidad.

Vigencia contemporánea

Hoy esta afirmación resuena en contextos donde la influencia digital ha monetizado la adulación a escala masiva. Las redes sociales transforman cumplidos falsos en moneda de cambio. La cita permanece pertinente porque continúa planteando la pregunta fundamental: ¿dónde trazamos la línea entre necesidad legítima y debilidad moral?

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