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La paradoja de la confianza excesiva
Baltasar Gracián, filósofo español del siglo XVII, identifica aquí una tensión incómoda de la condición humana. Cuando depositamos demasiada fe en algo o alguien, bajamos la guardia. La vigilancia disminuye, la precaución se relaja y los riesgos se multiplican sin que los veamos venir. Lo que parecería una fortaleza emocional se convierte en vulnerabilidad práctica. El descuido no es accidental, sino consecuencia directa de una seguridad mal calibrada.
Este aviso cobra relevancia en múltiples contextos. En relaciones personales, la confianza ciega puede permitir traiciones. En negocios, la confianza en un socio puede facilitar fraudes. Hasta en asuntos personales, confiar demasiado en nuestra memoria o salud nos hace negligentes. Gracián sugiere que la prudencia exige mantener cierto nivel de escepticismo productivo, no por cinismo, sino por realismo.
La lección propone un equilibrio frágil: confiar lo necesario, pero permaneciendo atento. La confianza funciona mejor cuando convive con la vigilancia, no cuando la reemplaza.
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“El que confía sus secretos a otro hombre se hace esclavo de él”
“Todo lo que realmente nos pertenece es el tiempo; incluso el que no tiene nada más, lo posee”
“La retentiva es el sello de la capacidad”
“No te pongas en el lado malo de un argumento simplemente porque tu oponente se ha puesto en el lado correcto”
“Ciencia sin seso, locura doble”