“Yo era muy religioso; iba a la sinagoga al menos una vez, a veces dos veces al día. Recuerdo mi religiosidad tan profunda; creo que la religión es buena para los niños, especialmente para los niños educados, ya que permite a la imaginación un mundo imaginativo aparte del mundo práctico.”

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Significado

Religiosidad y esfera imaginativa

Amichai evoca una práctica religiosa intensa para subrayar cómo la liturgia, las historias y los rituales crean un espacio simbólico que alimenta la imaginación. Para un niño formado, ese ámbito funciona como una segunda realidad donde se pueden ensayar preguntas morales, metáforas y formas narrativas sin la presión inmediata de lo utilitario. La religión, en este sentido, ofrece vocabulario simbólico y escenarios imaginativos que amplían la percepción más allá de la rutina cotidiana.

Educación, tradición y crítica

Leído en su contexto personal —poeta israelí con raíces judías que vivió entre tradición y modernidad— el comentario reconoce un valor formativo: enseñar acceso a mundos simbólicos puede fomentar creatividad y recursos éticos. Al mismo tiempo plantea una exigencia crítica: la transmisión religiosa debe protegerse de literalismos que cierren esa imaginación. La implicación práctica es simple y doble: enriquecer la educación simbólica y, simultáneamente, cultivar la libertad de interpretar esos símbolos.

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