“La razón de un poeta es escribir poemas, no hacer publicidad de sí mismo como poeta.”
Crea una imagen con esta frase
Elige un fondo:
Significado
La práctica frente a la imagen
Amichai reclama que la ocupación primera del poeta es el poema, no su propia marca personal. El énfasis está en la labor callada del lenguaje, en la atención a los versos y a la verdad interior antes que en la manufactura de una reputación. En su contexto —poeta israelí que vivió guerras, exilios y la cotidianeidad íntima— la afirmación puede leerse como rechazo a la teatralidad pública y a la instrumentalización de la palabra para autopromoción. La obra, más que la figura, sostiene la validez de una voz poética.Consecuencias para la poesía y el poeta
Tomar esa postura modifica prioridades: se cultiva oficio, se acepta el riesgo de la vulnerabilidad y se renuncia al cálculo mercantil. _El lector_ recibe algo menos diseñado y más honesto; el campo literario gana profundidad y pierde espectáculo. Por supuesto, la tensión entre visibilidad y fidelidad creativa sigue abierta, pero la propuesta exige decidir si la poesía sirve para figurar o para decir.Frases relacionadas
“Las matemáticas puras son, a su manera, la poesía de las ideas lógicas”
“La pintura es poesía que se ve más que se siente, la poesía es pintura que se siente más que se ve”
“La pintura es poesía silenciosa, y la poesía es pintar con el regalo de la palabra”
“La fantasía, aislada de la razón, sólo produce monstruos imposibles. Unida a ella, en cambio, es la madre del arte y fuente de sus deseos”
Más frases de Yehuda Amichai
“Mis poemas son de carácter político en el sentido más profundo de la palabra. Son medios políticos para vivir en su tiempo, para ser un hombre de su tiempo.”
“A menudo he dicho que toda poesía es política. Esto se debe a que los poemas reflejan una respuesta humana a la realidad, y la política es parte de esa realidad, la historia en construcción. Incluso si un poeta escribe sobre estar en una casa de cristal bebiendo té, eso refleja la política.”
“Yo era muy religioso; iba a la sinagoga al menos una vez, a veces dos veces al día. Recuerdo mi religiosidad tan profunda; creo que la religión es buena para los niños, especialmente para los niños educados, ya que permite a la imaginación un mundo imaginativo aparte del mundo práctico.”