“Para dar una idea de lo que logró Maxwell y, más en general, de qué se trata el cálculo vectorial, comencemos con la palabra "vector". Viene de la raíz latina vehere, "llevar", que también nos da palabras como "vehículo" y "cinta transportadora". Para un epidemiólogo, un vector es el portador de un patógeno, como el mosquito que transmite la malaria a tu torrente sanguíneo. Para un matemático, un vector (al menos en su forma más simple) es un paso que te lleva de un lugar a otro.”

Steven Strogatz
Steven Strogatz

Matemático y profesor en la Universidad de Cornell, reconocido por sus contribuciones al estudio de la sincronización en sistemas dinámicos y en redes complejas, así como por el influyente artículo sobre redes de “mundo pequeño” junto a Duncan J. Watts.

1959

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Significado

Raíz y metáfora

La etimología vehere ilumina por qué la palabra vector funciona tan bien como puente entre lo cotidiano y lo técnico: su familia léxica —vehículo, cinta transportadora— remite a movimiento y traslado. Esa imagen permite comparar al mosquito que porta un patógeno con el segmento dirigido que en geometría lleva de un punto a otro. En ambos casos hay transferencia: de materia, de influencia, de posición. La semejanza no es sólo poética; revela cómo el lenguaje modela lo que miramos y cómo clasificamos fenómenos distintos bajo un mismo esquema conceptual.

Alcance y consecuencias

Cuando Maxwell y sus sucesores formalizaron campos con cálculo vectorial, obtuvieron una herramienta que convierte intuiciones sobre transporte y fuerza en ecuaciones precisas. El valor práctico es enorme: predicción, diseño de tecnologías, comprensión de interacciones a distancia. A nivel filosófico, la cita sugiere que abstraer —dar una forma matemática al acto de llevar— permite tanto simplificar como ampliar el alcance de la explicación científica. El vector se vuelve, así, un vehículo epistemológico: lleva problemas hacia soluciones.

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Steven Strogatz

“En la primera parte del siglo IX, Muhammad ibn Musa al-Khwarizmi, un matemático que trabajaba en Bagdad, escribió un libro de texto seminal en el que destacó la utilidad de restaurar una cantidad que se está restando (como la 2, arriba) agregándola al otro lado de una ecuación. Llamó a este proceso al-jabr (árabe para "restauración"), que luego se transformó en álgebra. Luego, mucho después de su muerte, volvió a ganar el premio etimológico. Su propio nombre, al-Khwarizmi, vive hoy en día en la palabra algoritmo.”

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