“En lugar de tirar bombas encima del Estado Islámico, deberíamos bombardearles con libros porque la raíz de esta violencia está en la ignorancia, en la falta de conocimiento.”
Shirin Ebadi es una abogada y activista iraní defensora de los derechos humanos y la democracia; fue la primera mujer iraní y la primera mujer musulmana en recibir el Premio Nobel de la Paz.
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Significado
Violencia e ignorancia
La idea contrapone la respuesta militar a una alternativa simbólica: sustituir la fuerza destructiva por conocimiento y enseñanza. Shirin Ebadi, defensora de los derechos humanos y Nobel de la Paz, sugiere que parte de la radicalización nace de la falta de información, de marcos cerrados y de relatos que alimentan la violencia. El comentario surge en el contexto de la lucha contra grupos extremistas que reclutan en espacios de desesperanza y desinformación, y propone la educación como herramienta para debilitar argumentos violentos.
Armas culturales y límites prácticos
Pensar en "armas culturales" implica políticas de alfabetización, medios libres, intercambio intelectual y apoyo a voces locales, no solo iniciativas simbólicas. Al mismo tiempo la propuesta reconoce sus límites: la ignorancia convive con desigualdad, intervenciones geopolíticas y traumas históricos que también producen violencia. Por ello la apuesta por los libros debe combinarse con justicia social, reparación y diálogo, para que el conocimiento deje de ser un consuelo retórico y pase a ser una fuerza transformadora real.
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“El régimen iraní no tiene futuro, el pueblo lo hará caer”
“Podemos ser musulmanes y creer en la igualdad plena entre las personas”
“Si queremos libertad y progreso tenemos que incluir a las mujeres en todos los sectores de la sociedad porque no podemos olvidar a la mitad de la población”
“Toda persona que defiende los derechos humanos en Irán debe vivir con miedo desde que nace hasta que muere, pero yo he aprendido a superar mi miedo”
“En los últimos 23 años, desde el día en que me quitaron la magistratura hasta los años de enfrentamientos en los tribunales revolucionarios de Teherán, repetí un estribillo: una interpretación del Islam que esté en armonía con la igualdad y la democracia es una expresión auténtica de la fe. No es la religión la que ata a las mujeres, sino los decretos selectivos de quienes desean recluirlas. Esa creencia, junto con la convicción de que el cambio en Irán debe venir pacíficamente y desde dentro, ha sustentado mi trabajo”