“Toda persona que defiende los derechos humanos en Irán debe vivir con miedo desde que nace hasta que muere, pero yo he aprendido a superar mi miedo”
Shirin Ebadi es una abogada y activista iraní defensora de los derechos humanos y la democracia; fue la primera mujer iraní y la primera mujer musulmana en recibir el Premio Nobel de la Paz.
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Significado
La vida bajo amenaza y la elección de resistir
En Irán, la labor por los derechos humanos suele desarrollarse bajo vigilancia, hostigamiento y riesgo permanente: desde el nacimiento hasta la muerte, muchas personas aprenden a convivir con el miedo como compañera constante. Shirin Ebadi sitúa esa realidad como telón de fondo y subraya que superar el temor no implica su desaparición, sino la decisión sostenida de actuar pese a él. Esa transformación convierte la emoción en un motor ético: la defensa de la dignidad se vuelve un acto consciente más que una reacción impulsiva.
Consecuencias morales y políticas
El gesto de dominar el miedo tiene efectos individuales y colectivos. Por un lado, legitima la resistencia dentro de una comunidad perseguida; por otro, provoca represalias personales, exilio o aislamiento. La elección de Ebadi funciona como ejemplo: muestra que la valentía puede erosionar la aceptación del autoritarismo y exigir responsabilidades a los poderes. Al mismo tiempo recuerda que la defensa de derechos requiere redes de apoyo y reconocimiento internacional para sostener a quienes optan por no callar.
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“Podemos ser musulmanes y creer en la igualdad plena entre las personas”
“Si queremos libertad y progreso tenemos que incluir a las mujeres en todos los sectores de la sociedad porque no podemos olvidar a la mitad de la población”
“En los últimos 23 años, desde el día en que me quitaron la magistratura hasta los años de enfrentamientos en los tribunales revolucionarios de Teherán, repetí un estribillo: una interpretación del Islam que esté en armonía con la igualdad y la democracia es una expresión auténtica de la fe. No es la religión la que ata a las mujeres, sino los decretos selectivos de quienes desean recluirlas. Esa creencia, junto con la convicción de que el cambio en Irán debe venir pacíficamente y desde dentro, ha sustentado mi trabajo”