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Significado
La responsabilidad silenciosa de la inacción
Leonardo da Vinci señalaba una verdad incómoda sobre la complicidad. Cuando alguien observa una injusticia o un acto reprehensible sin intervenir, sin sancionar ni oponer resistencia, se convierte en cómplice tácito. La pasividad no equivale a neutralidad: permite que el mal prospere, se normalice y se repita. Quien cierra los ojos ante lo inaceptable autoriza implícitamente su continuidad, como si dijera "está bien que suceda".
Esta idea cobra particular relevancia en contextos de poder, instituciones y convivencia. Un maestro que ve bullying y no actúa, un directivo que tolera corrupción, una comunidad que calla ante abusos: todos ellos facilitan que esas conductas se enraícen. La indiferencia actúa como catalizador silencioso del daño.
La cita plantea una pregunta ética fundamental: ¿cuál es nuestro deber cuando presenciamos lo incorrecto? Sugiere que la omisión tiene consecuencias morales, que la responsabilidad no termina en nuestras propias acciones, sino que se extiende a cómo respondemos ante las de otros. La tolerancia puede ser virtud, pero la pasividad ante el mal es, en cierto modo, su cómplice.
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“Quien discute sobre si se puede matar a la propia madre no merece argumentos sino azotes.”
“Es mejor arriesgarse a salvar a un culpable que condenar a un inocente.”
“Si se quisieran estudiar todas las leyes, no habría tiempo material de infringirlas.”
“La aceptación de la opresión por parte del oprimido acaba por ser complicidad; la cobardía es un consentimiento; existe solidaridad y participación vergonzosa entre el gobierno que hace el mal y el pueblo que lo deja hacer.”
Más frases de Leonardo Da Vinci
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“Nada nos engaña tanto como nuestro propio juicio”