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Significado
La medida de la integridad
Jesucristo plantea un principio simple pero radical: el verdadero carácter de una persona se revela a través de sus acciones concretas, no de sus palabras o intenciones declaradas. Un árbol bueno produce frutos buenos; uno malo, frutos amargos. La metáfora apunta a que los valores genuinos emergen naturalmente en el comportamiento observable, en cómo tratamos a otros y en las decisiones cotidianas que tomamos.
El contexto original (Mateo 7, 15-20) advierte sobre los falsos profetas que se visten de ovejas pero son lobos rapaces. Jesucristo utiliza esta imagen para desafiar el dualismo entre lo interno y lo externo. Quien pretende bondad pero actúa con crueldad, quien promete justicia pero practica la explotación, queda expuesto por sus propios hechos.
Las implicaciones siguen siendo pertinentes hoy. La cita cuestiona la superficialidad de las promesas vacías y la política de la apariencia. Sugiere que la credibilidad se gana a través de consistencia, que nuestras palabras valen poco si nuestras acciones las contradicen. En ese sentido, la frase funciona como un espejo incómodo para cualquiera que afirme ideales sin vivirlos.
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“El mal no es lo que entra en la boca del hombre, sino lo que sale de ella.”
“No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados, y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros.”
“Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición, atravesamos desiertos intransitables.”
“Porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.”
“El que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.”