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Significado
Las palabras contra los hechos
Aristóteles observó algo elemental pero profundo: cuando una persona habla, podemos dudar de sus intenciones o capacidades, pero cuando actúa, la realidad se impone. Las palabras son maleables, pueden ser bonitas, persuasivas, hasta engañosas. Un discurso convincente requiere solo elocuencia. Las acciones, por el contrario, exigen compromiso real, recursos, tiempo y riesgo. Por eso generan mayor credibilidad: no se pueden deshacer ni reinterpretar fácilmente.
Contexto y vigencia
En la Grecia antigua, esta idea respondía a la valoración de la praxis frente a meras promesas políticas. El filósofo vivía en una polis donde los ciudadanos evaluaban a sus líderes observando qué hacían, no solo qué prometían. Hoy esta lección resulta especialmente relevante en un mundo saturado de comunicación digital, donde cualquiera puede proclamar valores sin demostrarlos.
Implicación práctica
La cita sugiere una brújula para juzgar la integridad ajena: desconfiar del encanto retórico y examinar patrones de comportamiento. Una persona confiable es aquella cuyas decisiones cotidianas alinean con sus declaraciones públicas. El carácter se revela en lo que alguien hace cuando nadie observa, no en sus discursos.
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“El hombre nada puede aprender sino en virtud de lo que sabe”
“Nunca se alcanza la verdad total, ni nunca se está totalmente alejado de ella”
“La riqueza consiste mucho más en el disfrute que en la posesión”
“Un amigo fiel es un alma en dos cuerpos”
“La historia cuenta lo que sucedió; la poesía lo que debía suceder”