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Significado
La piedra y la propia culpa
Cuando Jesús pronunció estas palabras ante una multitud lista para ejecutar a una mujer acusada de adulterio, planteó una pregunta incómoda: ¿quién posee la autoridad moral para condenar? La frase funciona como un espejo. Quien se dispone a juzgar debe primero examinar sus propias faltas, sus compromisos con la ética, sus hipocresías cotidianas. No se trata de una absolución del error ajeno, sino de un cuestionamiento sobre la posición desde la cual alguien se atreve a castigar.
Implicaciones prácticas
La cita desafía la cultura del señalamiento público y la condena precipitada. Sugiere humildad ante el acto de juzgar: conocemos mal los motivos ajenos y ignoramos las presiones que llevan a otros a fallar. Esto no significa pasividad frente a injusticias reales, pero sí exige que quien critique lleve consigo la conciencia de su propia fragilidad. La compasión y el cuestionamiento de nuestros propios actos deberían preceder a cualquier acto de condena.
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“El mal no es lo que entra en la boca del hombre, sino lo que sale de ella.”
“No juzguéis a los demás si no queréis ser juzgados. Porque con el mismo juicio que juzgareis habéis de ser juzgados, y con la misma medida que midiereis, seréis medidos vosotros.”
“Nos hartamos de andar por sendas de iniquidad y perdición, atravesamos desiertos intransitables.”
“Por sus frutos los conoceréis.”
“Porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni entienden.”