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Significado
Una distinción moral fundamental
Giovanni Guareschi, sacerdote italiano y autor de Don Camilo, plantea una separación crucial entre la acción y quien la comete. La idea central apunta a condenar moralmente los comportamientos dañinos sin extender ese rechazo hacia la persona que los ejecuta. Se trata de un equilibrio: mantener principios éticos firmes mientras se reconoce la dignidad y la capacidad de cambio en quien se equivoca. Esta tensión entre juzgar actos y aceptar personas refleja una madurez moral que evita tanto la complacencia como la dehumanización.
Implicaciones prácticas
La propuesta tiene consecuencias concretas. En contextos familiares, laborales o sociales, permite confrontar comportamientos inaceptables sin romper vínculos o cerrar puertas al arrepentimiento. Guareschi escribía desde la experiencia pastoral, donde esta distinción resulta operativa: condenar la corrupción, la violencia o la deshonestidad sin cancelar la posibilidad de reconciliación. El desafío real radica en practicarla, pues la emoción suele disolver esta frontera. Requiere disciplina emocional reconocer que quien comete un error puede transformarse, incluso cuando sus actos merecen crítica severa.
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“Conviene matar el error, pero salvar a los que van errados.”
“Vengándose, uno se iguala a su enemigo; perdonándolo, se muestra superior a él”
“Creo firmemente que la investigación con células madre es algo ético. Porque no creo que exista nada más ético que la posibilidad de curar enfermedades como el cáncer o el párkinson”
“Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales”
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