“Treinta años han pasado y todavía me siento culpable por esa plegaria, porque al día siguiente supe que ese misil cayó en la casa del amigo de mi hermano y lo mató a él y a su padre, pero no a su madre ni a su hermana.”
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Significado
Remordimiento después del impacto
La voz confiesa una culpa que persiste décadas después: una plegaria se convierte en peso moral al comprobarse su relación temporal con una muerte. Hay aquí una tensión entre intención y resultado, entre el deseo íntimo y la violencia externa. La culpabilidad no nace únicamente del acto, sino de la coincidencia cruel que convierte una petición privada en antecedente de una tragedia pública; el azar hace insoportable lo que antes era cotidiano.Huellas personales de la guerra
El contexto es la experiencia de la violencia que fragmenta familias y asigna supervivencias arbitrarias: algunos sobreviven, otros desaparecen. Las implicaciones atraviesan la ética del testigo: qué significa ser responsable cuando la causalidad es limitada y la historia está marcada por la pérdida. La frase apunta también a la memoria como territorio de expiación, donde la vida continúa cargando el peso de quienes quedaron atrás y la conversación pública sobre la guerra se vuelve íntima y moral.Frases relacionadas
“Una abuela es aquella persona que dice no saber quién eres en Halloween”
“El hombre puede soportar las desgracias que son accidentales y llegan de fuera. Pero sufrir por propias culpas, ésa es la pesadilla de la vida.”
“Muy sentida es la muerte cuando el padre queda vivo.”
“Los males llegan volando y se alejan renqueando.”
Más frases de Zainab Salbi
“Saddam nos dio muchas cosas: el desarrollo del país..., pero creo que lo que nos quitó, mientras tanto, fue nuestra propia alma. Llegamos a una etapa en que nos temíamos unos a otros, donde esposos y esposas no se hablaban, donde los padres tenían miedo de expresar nada frente a sus hijos porque los maestros preguntaban qué pensaba papá del tío Saddam. Y hay historias horribles de padres ejecutados por culpa del niño.”
“Crecí con los colores de la guerra: los rojos del fuego y de la sangre, los tonos marrones de la tierra al explotar en nuestras caras y el plateado penetrante de un misil explotado, tan brillante que nada puede proteger tus ojos.”
“Crecí con los sonidos de la guerra: los sonidos staccato de los disparos, los desgarradores estallidos de las explosiones, los ominosos zumbidos de los aviones y los lamentos de las sirenas.”
“Sonidos que uno esperaría, pero que también son conciertos disonantes de bandadas de pájaros chillando en la noche, los agudos llantos sinceros de los niños y el trueno, insoportable, del silencio.”
“«La guerra», dijo una amiga mía, «no se trata del sonido en absoluto. En realidad se trata del silencio, el silencio de la humanidad.»”