“No se nos ordena (o prohíbe) amar a nuestros compañeros, hijos, amigos o al país porque tales afectos vienen naturalmente y son buenos en sí mismos, aunque podemos corromperlos. Se nos manda amar a nuestro prójimo porque nuestra actitud natural hacia el otro es de indiferencia o hostilidad.”

W. H. Auden
W. H. Auden

Poeta inglés.

1907 – 1973

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Significado

Sobre el afecto natural y el mandato moral

Auden plantea que el cariño hacia la familia, los amigos o la patria brota de forma espontánea y, por eso, no necesita ser ordenado. En contraste, el mandato de amar al prójimo surge porque la disposición habitual ante quienes no forman parte de nuestro círculo suele ser la indiferencia o la hostilidad. El giro aquí es decisivo: el imperativo ético no corrige lo obvio, sino lo negligido; exige ejercer una voluntad que amplía el corazón más allá de los lazos naturales.

Consecuencias prácticas y culturales

Esto tiene eco en la política y en la vida cotidiana: las instituciones y las virtudes civiles deben sostener un amor deliberado hacia el otro, no depender de sentimentalismos. Auden también admite que los afectos naturales pueden corromperse, así que la exigencia ética actúa como control y reto simultáneo. La implicación final es clara, y a la vez exigente: amar al vecino requiere esfuerzo consciente, normas que lo favorezcan y una educación moral que lo convierta en hábito.

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