“Por diversas y antiguas historias y crónicas se declara manifiestamente que este reino de Inglaterra es un Imperio, aceptado en el mundo y gobernado por un Soberano y Rey Supremo, con la dignidad de la Corona imperial, a quien un cuerpo político de todo tipo de personas debe, junto a Dios, obediencia natural y humilde.”

Thomas Cromwell
Thomas Cromwell

Thomas Cromwell, primer conde de Essex, fue un estadista inglés que se desempeñó como secretario de Estado y principal consejero del rey Enrique VIII, impulsando la centralización administrativa y las reformas religiosas del reino.

1485 – 1540

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Significado

Autoridad real y legitimación

La formulación sostiene que Inglaterra no es solo un reino sino un imperio con un único soberano dotado de dignidad imperial, y propone que todo el polimorfo cuerpo político le debe obediencia junto a la obediencia a Dios. Es un enunciado jurídico-político que convierte la lealtad en obligación universal: nobleza, clero y pueblo quedan subsumidos bajo la potestad del monarca. En la década de 1530, cuando Cromwell actuaba, ese lenguaje sirvió para articular la ruptura con Roma y transformar derecho canónico y lealtades tradicionales en prerrogativas del trono.

Consecuencias políticas y religiosas

La declaración legitima la centralización y facilita la reforma institucional: control del nombramiento eclesiástico, creación de leyes que respaldan la supremacía real y reducción de intermediarios de poder. Al mismo tiempo, abre espacios de conflicto —interno y exterior— al reclamar autoridad absoluta sobre conciencia y jurisdicción. A la larga, esa articulación contribuye a moldear la noción moderna de soberanía nacional, con sus ventajas administrativas y sus riesgos autoritarios.

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