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Significado
La perseverancia como fuerza verdadera
Samuel Johnson captura una verdad incómoda sobre el éxito: el impulso inicial o el talento bruto resultan insuficientes. Las catedrales medievales, las novelas ambiciosas, los descubrimientos científicos comparten un patrón común: exigieron años de trabajo constante, a menudo anónimo y frustrante. La fuerza, en cambio, es fugaz. Un empujón violento derriba obstáculos temporales pero no construye nada duradero. La perseverancia es el músculo que actúa cada día, el que sigue cuando la motivación desaparece.
Contexto y aplicación práctica
Johnson escribía en el siglo XVIII, en una era donde la disciplina y el esfuerzo sostenido definían tanto la literatura como el comercio. Su observación sigue resonando porque el ritmo acelerado del presente tiende a ocultar esta realidad: los logros visibles ocultan detrás innumerables horas anónimas. El abogado respetado pasó años estudiando; el artista reconocido atravesó temporadas de rechazo.
Lo relevante hoy es reconocer que el cambio significativo no ocurre en sprints. Cada pequeña acción repetida moldea resultados. La pregunta práctica entonces no es si somos lo bastante fuertes, sino si estamos dispuestos a continuar.
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“El lenguaje es el vestido de los pensamientos”
“De todos los sonidos, la música es el menos desagradable”
“Se puede tener por compañera la fantasía, pero se debe tener como guía a la razón”
“Es necesario esperar, aunque la esperanza haya de verse siempre frustrada, pues la esperanza misma constituye una dicha, y sus fracasos, por frecuentes que sean, son menos horribles que su extinción.”
“Nuestro ánimo se inclina a confiar en aquellos a quienes no conocemos por esta razón: porque todavía no nos han traicionado.”