“Estableced, por tanto, en vuestras mentes, como máxima que nunca debe borrarse ni olvidarse, que el ateísmo es un sistema inhumano, sangriento y feroz, igualmente hostil a todo freno útil y a todo afecto virtuoso; que, al no dejar nada por encima nuestro que inspire reverencia, ni nada alrededor que despierte ternura, hace la guerra al cielo y a la tierra: su primer objeto es destronar a Dios, el siguiente destruir al hombre.”

Robert Hall
Robert Hall

Robert Hall fue un clérigo inglés conocido por su labor religiosa.

1764 – 1831

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Significado

Acusación moral y existencial

Robert Hall presenta una tesis tajante: la ausencia de lo divino deja un vacío simbólico que, según él, socava los lazos que contienen la violencia y la ternura humanas. Afirma que, al suprimir cualquier referente trascendente que inspire reverencia y calor comunitario, el ateísmo se convierte en una fuerza desestabilizadora contra normas y afectos. Es una advertencia sobre cómo la pérdida de lo sagrado puede traducirse, para él, en prácticas sociales más ásperas y despiadadas.

Contexto histórico y consecuencias prácticas

Pronunció estas palabras desde un protestantismo reaccionario frente a la Ilustración y las convulsiones revolucionarias; el mensaje funciona como un argumento retórico para reprochar la modernidad secular. Las implicaciones políticas son claras: convertir la falta de fe en una amenaza colectiva justifica resistencias y controles. Filosóficamente, la afirmación exige debate: es posible sostener moralidades públicas sin referencias divinas, y etiquetar a quienes piensan distinto como inherentemente “inhumanos” tiene costes sociales y democráticos.

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