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Significado
La fuerza de las palabras en la retórica moral
La transformación de una copa cotidiana en una imagen incendiaria funciona como técnica deliberada: sustituir el nombre corriente por uno que desubica y provoca. Robert Hall, predicador baptista inglés de finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, emplea esa exageración para romper la complacencia; al eliminar el eufemismo se obliga a mirar la acción con nuevos ojos. Es un ejercicio retórico que apunta a convertir la percepción estética en juicio moral, usando lenguaje vivo para hacer visible lo que suele pasar inadvertido.Consecuencias éticas y sociales
Llamar a las cosas por nombres más duros implica responsabilidad: puede clarificar, movilizar o estigmatizar. El poder descriptivo del lenguaje revela cómo la denominación moldea actitudes públicas y privadas; sin embargo, la hipérbole moral también corre el riesgo de simplificar y de clausurar matices. Queda la pregunta práctica: cuándo la palabra que sacude sirve para corregir conductas y cuándo para borrar complejidades humanas y sociales.Frases relacionadas
“No puedo decir que no estoy en desacuerdo contigo.”
“Citadme diciendo que me han citado mal.”
“Saben bien los amantes instruidos que quiere decir "sí" tres "no" seguidos.”
“No me importa que la gente mire sus relojes cuando estoy hablando pero es excesivo que además los sacudan para asegurarse de que andan.”
Más frases de Robert Hall
“Su imaginación imperial ha puesto a toda la Naturaleza bajo tributo y ha recopilado riquezas de cada escena de la creación y de todos los ámbitos del arte.”
“Estableced, por tanto, en vuestras mentes, como máxima que nunca debe borrarse ni olvidarse, que el ateísmo es un sistema inhumano, sangriento y feroz, igualmente hostil a todo freno útil y a todo afecto virtuoso; que, al no dejar nada por encima nuestro que inspire reverencia, ni nada alrededor que despierte ternura, hace la guerra al cielo y a la tierra: su primer objeto es destronar a Dios, el siguiente destruir al hombre.”
“Debemos preocuparnos más de que nuestras aflicciones nos beneficien que de que sean prontamente apartadas de nosotros.”
“La Biblia es el tesoro del pobre, el consuelo del enfermo y el sostén del moribundo; y mientras otros libros pueden divertir e instruir en una hora de ocio, es triunfo peculiar de aquel libro crear luz en medio de la oscuridad, aliviar la pena que no admite otro alivio, dirigir un rayo de esperanza al corazón que ningún otro tema de consuelo puede alcanzar; mientras la culpa, la desesperación y la muerte desaparecen al contacto de su santa inspiración.”
“¿Qué otro libro, además de la Biblia, podría escucharse en asambleas públicas año tras año, con una atención que nunca se cansa y un interés que nunca empalaga?”