“Los preceptos de la ley son los siguientes: vivir honestamente, no dañar a nadie y dar a cada uno lo que le corresponde.”

Marcus Tullius Cicero
Marcus Tullius Cicero

Marco Tulio Cicerón fue un jurista, político, filósofo, escritor y orador romano, considerado uno de los mayores retóricos y estilistas de la prosa latina; introdujo las escuelas filosóficas griegas en la intelectualidad romana y dejó influyentes escritos humanistas, políticos y epistolares.

106 a. C. – 43 a. C.

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Significado

Tres pautas para la vida cotidiana

Cicerón propone un programa moral reducido y exigente: actuar con integridad, evitar causar daño a los demás y respetar la correspondencia entre lo que se da y lo que se debe recibir. Cada precepto funciona como un criterio práctico: la integridad regula la conducta individual, la prohibición del daño pone límites a la interacción social y la idea de retribución justa orienta decisiones legales y económicas. Juntos forman un andamiaje ético que busca armonizar la vida privada con la convivencia pública.

Origen y consecuencias públicas

Procede del pensamiento romano y del derecho natural, donde la ética personal se vincula estrechamente a la estabilidad del Estado. Aplicados con sensatez, estos principios sostienen instituciones justas; malinterpretados o usados por intereses particulares, pueden legitimar exclusiones o desiguales compensaciones. Su valor real depende del juicio práctico: cuándo priorizar la integridad sobre la paz, cómo medir el daño o cuál es la justa reparación. Son, en suma, una invitación a pensar la justicia como práctica cotidiana, no como fórmula.

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