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Significado
Una afirmación íntima con alcance público
Juan XXIII, papa durante la Guerra Fría y artífice del Concilio Vaticano II, condensó en pocas palabras una verdad elemental: la experiencia de la crianza moldea la sensibilidad hacia el peligro y el sufrimiento. Al evocar a madres y padres se apela a el instinto de protección que prioriza la vida cotidiana sobre los cálculos estratégicos; esa proximidad al daño convierte la oposición a la violencia en algo menos ideológico y más humano, casi intuitivo.De la sensibilidad familiar a la arena política
Dicha observación no es solo retórica pastoral, tiene consecuencias prácticas: ofrece una base moral para reclamar medidas que eviten conflictos y protejan generaciones futuras. Vinculada al magisterio social del papa, especialmente en Pacem in Terris, su frase funciona como crítica a políticas que sacrifican a la infancia por intereses abstractos y como llamado a priorizar la diplomacia, la reparación y la responsabilidad intergeneracional.Frases relacionadas
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“Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.”
“Nunca vaciles en tender la mano; nunca titubees en aceptar la mano que otro te tiende.”
“La justicia se defiende con la razón y no con las armas. No se pierde nada con la paz y puede perderse todo con la guerra.”
“La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.”
“Nada de lo que ocurra a los hombres nos debe resultar ajeno.”