“La paz en la tierra, suprema aspiración de toda la humanidad a través de la historia, es indudable que no puede establecerse ni consolidarse si no se respeta fielmente el orden establecido por Dios.”

Juan XXIII
Juan XXIII

Papa de la iglesia católica.

1881 – 1963

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El fundamento espiritual de la paz mundial

Juan XXIII, papa durante los años sesenta, vincula la paz internacional con un orden divino. Su argumento es directo: la armonía entre naciones solo fructifica cuando existe una adhesión genuina a principios que trascienden los intereses políticos particulares. Esta visión contrasta con el realismo político de su época, donde la Guerra Fría y la carrera armamentista dominaban el pensamiento sobre las relaciones internacionales. El pontífice propone que los conflictos no emergen simplemente de malentendidos diplomáticos, sino de un alejamiento más profundo respecto a valores universales.

El contexto de esta afirmación es crucial: Juan XXIII gobernaba durante la crisis de los misiles cubanos y promovió el Concilio Vaticano II, buscando modernizar la Iglesia católica. Su preocupación reflejaba un humanismo cristiano que desconfiaba de las soluciones puramente técnicas o estratégicas. Implícitamente, sugiere que legislaciones, tratados y negociaciones carecen de solidez sin una base ética compartida.

La idea permanece relevante hoy: ¿puede existir convivencia pacífica sin acuerdos morales fundamentales? Aunque la secularización ha transformado el diálogo público, la pregunta sobre qué valores sostienen la paz sigue siendo pertinente.

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