Crear imagen
Elige un fondo:
Significado
La paradoja de nuestra fragilidad cotidiana
Josefina Aldecoa señala una contradicción curiosa en la naturaleza humana: mientras nos desmoronamos ante pequeños inconvenientes del día a día, somos capaces de extraordinaria entereza cuando enfrentamos crisis reales. Una discusión trivial, un retraso, una molestia menor pueden erosionar nuestro ánimo profundamente. Sin embargo, frente a pérdidas significativas, enfermedades o desafíos mayúsculos, muchas personas encuentran fuerzas insospechadas. Esta asimetría revela algo sobre cómo experimentamos la adversidad: lo cotidiano nos atrapa porque creemos controlarlo, y cuando no lo hacemos, nos frustra. Las situaciones excepcionales, en cambio, nos ubican en un estado de aceptación forzada.
Implicaciones para la vida contemporánea
La observación adquiere relevancia especial en el mundo moderno, donde la acumulación de pequeños disgustos suele ser más dañina que eventos puntuales. La impaciencia ante trámites, la sensibilidad al desconfort menor, la exigencia de comodidad inmediata, contrastan con la dignidad que emergería si tuviéramos que vivir situaciones límite reales. Aldecoa sugiere que quiz realizaríamos mejor uso de nuestras energías si aprendiéramos a tolerar lo ordinario con la misma templanza que desplegamos en circunstancias excepcionales.
Frases relacionadas
Más frases de Josefina Aldecoa
“La escuela es del Estado, la paga el Estado y eso quiere decir que es de todos, los listos y los tontos, los aplicados y los vagos. Todos tienen derecho a recibir una buena educación.”
“Educad a los niños. Educadlos en la tolerancia, en la solidaridad. Transmitirle lo más importante que tenemos: la herencia cultural.”
“Yo iba a enseñar y al mismo tiempo a aprender.”
“Educar para la convivencia. Educar para adquirir conciencia de la justicia. Educar en la igualdad para que no se pierda un solo talento por falta de oportunidades...”
“Tenía que pasar mucho tiempo hasta que yo me diera cuenta de que lo que me daban los niños valía más que todo lo que ellos recibían de mí.”