“Debemos ser algo para poder hacer algo, pero también debemos hacer algo para llegar a ser algo. La mejor regla, creo, es esta: si nos resulta difícil hacer el bien, intentemos ser buenos. Si, en cambio, nos resulta difícil ser buenos, intentemos hacer el bien. El ser conduce al hacer, el hacer conduce al ser. Pero por debajo de ambos, como raíz común, está la fe: la fe en Dios, en el hombre, en nosotros mismos, en la superioridad eterna del bien sobre el mal, de la verdad sobre el error, del amor sobre todo egoísmo y todo pecado.”
James Freeman Clarke fue un clérigo estadounidense del siglo XIX, destacado por su liderazgo en movimientos religiosos y su influencia en la teología y la educación religiosa en Estados Unidos.
1810 – 1888
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Significado
Sobre el vínculo entre ser y hacer
Clarke plantea una relación circular entre identidad y acción: el carácter predispone a actuar y las acciones, repetidas, terminan formando el carácter. Ese doble sentido funciona como una estrategia práctica: cuando la conducta virtuosa resulta difícil, conviene cultivar cualidades internas; si la formación moral parece remota, comenzar por actos concretos puede generar hábitos que transformen la disposición interior. La regla práctica sería alternar trabajo interior con gestos reales, porque la ética no se agota en ideas ni en meros impulsos, sino en la interacción continua entre intención y práctica.La fe como raíz común
El autor, ministro unitario del siglo XIX comprometido con la reforma moral y social, sitúa la confianza como fundamento de ese proceso. La fe —en Dios, en el prójimo, en uno mismo— sostiene tanto el esfuerzo por ser como la perseverancia en hacer. Implica que la edificación moral exige esperanza y una creencia en la superioridad de valores como la verdad y el amor; sin esa base, la alternancia entre ser y hacer pierde coherencia y fuerza transformadora.Frases relacionadas
“Agradar cuando se recaudan impuestos y ser sabio cuando se ama son virtudes que no han sido concedidas a los hombres.”
“La vida eterna no depende de nuestra perfección; pero, puesto que depende de la gracia de Cristo y del amor del Espíritu, ese amor nos impulsará a imitar la perfección.”
“El amor no es una pasión, porque ninguna virtud es pasión, y todo amor es "cierta virtud".”
“El amor no es una pasión, porque ninguna virtud es pasión, y todo amor es “cierta virtud””
Más frases de James Freeman Clarke
“Quien cree en la bondad posee la esencia de toda fe. Es un hombre «de alegres ayeres y de mañanas confiadas».”
“Tenemos muchos políticos en el país, quizá los necesarios. No pido más; pero hay gran diferencia entre el político y el estadista. El político piensa en la próxima elección y en el éxito de su partido; el estadista en la próxima generación y en el bien del país. El estadista desea gobernar, el político se contenta con dejarse llevar. El problema del político, por honesto que sea, es que su objetivo principal es ganar la próxima elección para su partido.”
“No nos atormentemos unos a otros porque no seamos todos iguales, sino creamos que Dios supo mejor lo que hacía al hacernos tan diferentes. Así surgirá la mejor armonía de las aparentes discordias, el mejor afecto de las diferencias, la mejor vida de la lucha, y el mejor trabajo se hará cuando cada uno haga su propia obra y deje que los demás sean y hagan lo que Dios los creó para ser.”
“La sumisión al deber y a Dios da la más alta energía. Aquel que ha hecho la mayor obra en la tierra dijo que bajó del cielo no para hacer su propia voluntad, sino la voluntad del que lo envió. Quien se alía con Dios está armado con todas las fuerzas del mundo invisible.”
“Como los días de la primavera despiertan en la naturaleza una vitalidad verde y creciente, así cuando la esperanza entra en el alma hace todas las cosas nuevas. Asegura el progreso que predice. Arraigadas en la fe, creciendo hacia el amor; estas forman las tres gracias inmortales del evangelio, cuyas brazos entrelazados y voces concordes derraman gozo y paz sobre nuestra vida humana.”