“El amor no es una pasión, porque ninguna virtud es pasión, y todo amor es "cierta virtud".”
Tomás de Aquino fue un fraile dominico, filósofo y teólogo que se convirtió en figura central de la Escolástica al integrar la filosofía aristotélica con la teología cristiana; es autor de obras fundamentales como la Suma Teológica.
1225 – 1274
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Significado
Amor y la naturaleza humana
Tomás sitúa el querer humano dentro de la esfera de la voluntad organizada: distingue los afectos sensibles, que alteran el ánimo, de las disposiciones estables que configuran el carácter. Así, el amor se presenta como una virtud —una habitus— que dispone la voluntad para buscar y promover el bien del otro con razón y constancia. No pertenece al reino de las pasiones fugitivas sino al de las capacidades formadas por la razón y la acción repetida.Consecuencias éticas y sociales
Entender el amor como virtud transforma la responsabilidad moral: amar exige crecimiento, disciplina y juicio, no solo entrega emotiva. En el contexto tomista y cristiano, la idea conecta con caritas y orienta las relaciones personales hacia el bien común, la justicia y la generosidad deliberada. La afirmación abre paso a una ética del cuidado que valora la formación del carácter tanto como la intensidad afectiva.Frases relacionadas
“No hay ninguna cosa buena que no tenga su base en la razón”
“Agradar cuando se recaudan impuestos y ser sabio cuando se ama son virtudes que no han sido concedidas a los hombres.”
“El amor no es una pasión, porque ninguna virtud es pasión, y todo amor es “cierta virtud””
“La senda de la virtud es muy estrecha y el camino del vicio, ancho y espacioso.”
Más frases de Tomás de Aquino
“El arte es simplemente un método acertado de hacer las cosas. La prueba del artista no consiste en la voluntad que pone en su trabajo, sino en la excelencia de la obra que produce”
“Justicia sin misericordia es crueldad”
“La inconstancia es un pecado especial de la prudencia”
“Lo bueno es aquello en cuya posesión el apetito descansa, y lo bello, en cambio, aquello cuya contemplación agrada”
“El intelecto humano, que es ínfimo en el orden intelectual, y máxime remoto a la perfección del intelecto divino, está en potencia respecto a lo inteligible, y en principio es "como una tabla rasa en la que nada está escrito"”