“Los troyanos eran, por tanto, una raza aria, como resulta claro por la evidencia de símbolos grabados en discos de terracota. La nación que sucedió a los troyanos también fue longeva, ya que aparece en todas las capas de suelo entre una profundidad de 10 y 7 m. Era de origen aria porque presentaba numerosos símbolos arios; y creo haber demostrado que varios de éstos también pertenecieron a nuestros antepasados en una época en que los alemanes, pelasgos, hindúes, celtas y griegos pertenecían todos a una sola nación y hablaban una única lengua.”

Heinrich Schliemann
Heinrich Schliemann

Heinrich Schliemann fue un millonario prusiano que se dedicó a la arqueología, excavando el emplazamiento de Troya en Hisarlik y otros yacimientos homéricos como Micenas, Tirinto y Orcómeno, contribuyendo a demostrar que la Ilíada reflejaba escenarios históricos.

1822 – 1890

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Significado

Afirmaciones y método

Schliemann afirma que ciertos motivos inscritos en discos cerámicos prueban que los habitantes de Troya pertenecían a una «raza aria» y que hubo una continuidad étnica amplia que explica la unidad lingüística de pueblos tan diversos. La afirmación enlaza símbolos materiales con identidades raciales y lingüísticas de modo directo, apoyándose en lecturas selectivas de estratos arqueológicos. Ese procedimiento convierte hallazgos fragmentarios en prueba de genealogías humanas amplias sin considerar alternativas interpretativas ni limitaciones metodológicas de la excavación.

Consecuencias y legado

Esa posición encaja en el clima intelectual del siglo XIX, cuando la filología comparada y el nacionalismo alimentaron teorías sobre una supuesta superioridad y unidad aria. El uso de la arqueología para construir relatos identitarios tuvo efectos políticos notables más tarde. Hoy la disciplina rechaza asociar de forma automática cultura material, lengua y raza; la cita funciona como recordatorio de los riesgos de proyectar categorías ideológicas sobre el pasado y de la necesidad de prudencia en la interpretación.

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