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Significado
La distinción entre el deseo y su objeto
Francisco Umbral marca una línea clara entre dos espacios psicológicos distintos. El deseo pertenece al reino íntimo, a esa dimensión interna donde habitan nuestras aspiraciones, impulsos y fantasías. No es algo que se exprese o se solicite porque existe independientemente de que lo verbalizemos. En cambio, cuando pedimos algo, estamos ya en el terreno de lo concreto: nombrar una cosa específica, un objeto tangible que podemos entregar o recibir. Quien pide pan no está pidiendo hambre; quien solicita dinero no está pidiendo ambición.
La provocación de esta idea radica en que confundimos constantemente ambas cosas. Creemos que expresar un deseo es lo mismo que pedirlo, cuando en realidad están en planos diferentes. El deseo es propio, está dentro de nosotros. El objeto es exterior, ajeno, y por eso es negociable. Umbral sugiere que la madurez consiste en reconocer esta brecha: saber qué deseamos realmente (trabajo interior) y qué pedimos concretamente a otros (relación clara con el mundo). Una persona que confunde estos términos terminará pidiendo lo equivocado, porque nunca identificó qué anhelaba verdaderamente.
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“Beber sin tener sed y hacer el amor en cualquier época, señora, son las únicas cosas que nos distinguen de los otros animales”
“No hay cosas por las cuales los hombres hagan tan hercúleos esfuerzos como las cosas de las cuales ellos saben que no son merecedores.”
“Lo malo del deseo es que vuelve sin avisar.”
“Nada me distrae, nada me divierte. Y lo que no me apasiona, me aburre.”
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“El talento, en buena medida, es una cuestión de insistencia.”
“El destino, el azar, los dioses, no suelen mandar grandes emisarios en caballo blanco, ni en el correo del Zar. El destino, en todas sus versiones, utiliza siempre heraldos humildes.”
“Escribir es la manera más profunda de leer la vida.”
“El deporte es una estilización de la guerra.”
“El que lo piensa todo primero, no escribe nada después.”