“Si hacemos el bien por interés, seremos astutos, pero nunca buenos.”

Cicerón
Cicerón

político y escritor latino

106-43 a. C.

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Significado

La brecha entre el cálculo y la virtud

Cicerón establece una distinción incómoda: cuando nuestras acciones benévolas persiguen una recompensa oculta, demostramos inteligencia estratégica, pero no bondad auténtica. El bien motivado por ganancia es meramente transaccional. Alguien que ayuda esperando retorno social, favor futuro o reconocimiento público actúa con astucia, no con generosidad. La virtud requiere algo que la astucia no posee: desinterés genuino.

Implicaciones prácticas

Esta idea desafía la modernidad, donde toda acción se analiza en términos de beneficio personal. Un empresario que dona para mejorar su imagen, un político que ayuda para votos, un amigo que se aproxima esperando algo a cambio, todos practticcan lo que podría llamarse "bien instrumental". Cicerón sugiere que la bondad verdadera existe solo cuando actúa sin expectativa de compensación, cuando el bien emerge de convicción y carácter, no de cálculo.

La paradoja del reconocimiento

La ironía es que quien persigue genuinamente la virtud probablemente nunca proclamará sus actos. Quien enumera sus buenas obras busca validación. La bondad real permanece silenciosa, casi invisible, operando en la sencillez del gesto sin audiencia.

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