“La justicia no espera ningún premio. Se la acepta por ella misma. Y de igual manera son todas las virtudes.”

Cicerón
Cicerón

político y escritor latino

106-43 a. C.

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Significado

El valor intrínseco de obrar bien

Cicerón plantea aquí una distinción fundamental: la virtud moral no requiere de compensas externas para justificarse. Quien actúa justamente no lo hace esperando reconocimiento, riqueza o poder, sino porque la acción recta posee valor en sí misma. Esta perspectiva desafía la lógica del intercambio, tan común en la vida cotidiana. No se trata de un cálculo donde invertimos bondad para obtener beneficios, sino de una convicción interior que sostiene nuestras acciones por su propia coherencia ética.

Implicaciones prácticas

El pensador romano apunta a una verdad incómoda: vivir virtuosamente puede resultar desfavorable en términos materiales o sociales. La justicia a veces castiga al justo; la honradez puede empobrecerlo. Sin embargo, quien ha interiorizado esta enseñanza comprende que la integridad personal supera cualquier pérdida externa. Esta idea tuvo peso en el estoicismo, donde el dominio sobre los propios principios constituía la libertad verdadera, independiente de las circunstancias adversas.

Relevancia contemporánea

En un mundo obsesionado con resultados visibles y gratificación inmediata, la reflexión ciceriana mantiene su provocación. Invita a preguntarse si nuestras acciones éticas permanecerían iguales si nadie las viera, si no generaran beneficio alguno. Esa pregunta expone qué tan profundamente hemos adoptado nuestros valores.

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