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Una lección sobre la apariencia y la realidad
Baltasar Gracián, moralista del Siglo de Oro español, formula aquí una crítica mordaz sobre cómo juzgamos a los demás. La frase parte de una observación simple: identificamos fácilmente la torpeza evidente, pero fallamos sistemáticamente con quienes la ocultan bajo una fachada de inteligencia. Gracián sugiere que la verdadera insensatez no solo reside en los incompetentes manifiestos, sino también en muchos de los que aparentan competencia sin poseerla realmente.
El contexto barroco de Gracián explica esta desconfianza hacia las apariencias. En una época de cortes palaciegos y competencia por el poder, la capacidad de disimular era tanto un arte como una supervivencia. La cita toca un nervio incómodo: somos más propensos a caer en el engaño que a detectarlo, especialmente cuando alguien domina la presentación de sí mismo.
Esta observación mantiene su vigencia actual. Más allá del pesimismo aparente, Gracián apunta hacia una verdad práctica: requiere vigilancia constante discernir entre quién es realmente competente y quién simplemente parece serlo. La lección no radica en la desesperanza, sino en cultivar el escepticismo inteligente ante nuestros propios juicios apresurados.
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“El que confía sus secretos a otro hombre se hace esclavo de él”
“La confianza es madre del descuido”
“Todo lo que realmente nos pertenece es el tiempo; incluso el que no tiene nada más, lo posee”
“La retentiva es el sello de la capacidad”
“No te pongas en el lado malo de un argumento simplemente porque tu oponente se ha puesto en el lado correcto”