“No soy religioso, pero soy un hombre piadoso... Un hombre religioso tiene una religión definida. Dice "Dios está allí" o "Dios está allí", "Dios está allí". "Tu dios no es mi dios, y eso es todo". Pero el hombre piadoso, simplemente mira con asombro y dice: "¿dónde está Dios?". Y "bueno, no lo entiendo y me gustaría saber qué significa realmente esta creación". Ese es un hombre piadoso, verdaderamente tocado por la grandeza de la naturaleza y de la creación.”

Albert Szent-Györgyi
Albert Szent-Györgyi

Bioquímico y biólogo molecular húngaro.

1893-1986

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Significado

La piedad como asombro ante lo desconocido

Szent-Györgyi distingue entre dos actitudes fundamentales frente a la existencia. La religiosidad organizada traza límites claros: establece dogmas, define atributos divinos y crea fronteras entre creyentes. El conflicto religioso surge precisamente de estas certezas compartimentadas. En contraste, la piedad descrita aquí habita en la perplejidad genuina, en esa capacidad de contemplar el universo sin pretender comprenderlo totalmente. No reclama poseer respuestas definitivas, sino que mantiene viva la pregunta.

Este pensamiento refleja la mentalidad científica moderna que el Nobel húngaro encarnaba. Para un bioquímico, la fascinación reside en los misterios aún irresueltos de la creación, no en doctrinas ya codificadas. La piedad se convierte así en sinónimo de curiosidad humilde y respeto profundo ante la complejidad natural.

Implicaciones contemporáneas

Esta distinción importa porque sugiere que la espiritualidad puede existir sin instituciones ni dogmas. Permite coexistencia pacífica entre perspectivas diversas, dado que ninguna reclama la verdad absoluta. La actitud piadosa genera preguntas compartidas en lugar de afirmaciones excluyentes, transformando el diálogo en posibilidad real.

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