“Toda la ira no es pecado, porque cierto grado de ella, en algunas ocasiones, es inevitable. Pero se convierte en pecado y contradice la regla de la Escritura cuando se provoca con ligereza e insuficiencia y cuando se prolonga.”

Wilson Mizner
Wilson Mizner

Guionista estadounidense.

1876 - 1933

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Significado

Sobre la ira y sus matices

La observación diferencia la ira como reacción humana legítima de la que se convierte en falta moral cuando carece de fundamento y se mantiene más allá de lo razonable. Reconoce que ciertas respuestas emotivas son inevitables ante la ofensa o la injusticia; la emoción en sí puede cumplir una función alerta. El problema surge cuando la cólera se provoca sin causa suficiente o se prolonga hasta dominar la conducta, contrariando la norma moral a la que alude la referencia religiosa.

Consecuencias morales y prácticas

Desde ese planteamiento se exige responsabilidad en el manejo de las pasiones: medir proporcionalidad, evitar el rencor y reparar daños cuando la ira ha herido. La apelación a la regla escrita sugiere un límite ético que va más allá del mero control emocional; incumbe la prudencia pública y privada. Practicar la templanza no anula la indignación justa, pero transforma la reacción en criterio para actuar con justicia y no para justificar la violencia o la permanencia del resentimiento.

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