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Significado
Mayoría, minoría y el precio de la estabilidad
Lippmann plantea que la práctica democrática puede reducirse a la disposición de la mayoría para expulsar a una minoría que aspire a transformar el orden. La observación desnuda una tensión: la legitimidad de las instituciones depende tanto de la tolerancia como de la capacidad de neutralizar amenazas percibidas. Dicho de otro modo, la preservación del sistema puede apoyarse en medidas que limitan la pluralidad, y así la etiqueta de “democracia” convive con mecanismos coercitivos.Contexto histórico y consecuencias políticas
Es relevante situar la idea en el siglo XX, cuando movimientos revolucionarios y el temor a su éxito modelaron políticas públicas. La frase obliga a pensar en cómo se define lo revolucionario y quién decide la expulsión: leyes, opinión pública o fuerza. Implicación práctica: la defensa de la democracia exige reglas claras para gestionar disenso sin convertir la protección del régimen en excusa para la eliminación sistemática de la diferencia.Frases relacionadas
“El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros”
“La democracia es la forma de gobierno que da a cada hombre el derecho de ser su propio opresor”
“En el mundo moderno, la libertad es lo contrario de la realidad; pero es sin embargo su ideal.”
“La libertad sólo reside en los estados en los que el pueblo tiene el poder supremo.”
Más frases de Walter Lippmann
“Donde todos piensan igual nadie piensa mucho.”
“El público debe ser puesto en su lugar, de modo que ... cada uno de nosotros pueda vivir libre del pisoteo y del estruendo de una manada desorientada.”
“Es perfectamente cierto que el mejor gobierno es el que gobierna menos. Es igualmente cierto que el mejor gobierno es el que proporciona la mayor parte.”
“Los movimientos sociales son a la vez síntomas e instrumentos de progreso. Ignorarlos es ser un estadista irrelevante; dejar de utilizarlos es ser débil.”
“En las oficinas del gobierno, que son sensibles a la vehemencia y la pasión de los hombres públicos, el sentimiento de las masas no tiene una tenencia segura. Son, en efecto, los solicitantes perpetuos de cargos, siempre a juicio por su vida política, siempre necesarios para cortejar a sus electores inquietos.”