“El diálogo siempre es complicado. La autenticidad es casi imposible, y siempre acabas sonando demasiado anticuado. Lo que hago es reducir las palabras al mínimo, para que el diálogo suene atemporal…”
Tracy Chevalier es una novelista estadounidense especializada en ficción histórica, conocida por La joven de la perla, cuya popularidad y adaptación cinematográfica la dieron reconocimiento internacional. Se formó en Oberlin, trabajó como editora en Inglaterra y cursó un posgrado en escritura creativa en la Universidad de East Anglia.
1962
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Significado
El reto de representar voces
La propuesta habla de la dificultad de plasmar conversaciones que suenen genuinas sin caer en anacronismos ni en tics contemporáneos. Para Chevalier la autenticidad completa es inalcanzable: recrear palabra por palabra un modo de hablar del pasado suele sonar forzado o pasado de moda. Por eso apuesta por la economía del diálogo, recortando lo accesorio para que lo que quede no delate la época sino el conflicto humano que sostiene la escena.Economía lingüística y consecuencias prácticas
Reducir palabras favorece el subtexto: el lector completa silencios, gestos y motivaciones, y la escena gana una especie de atemporalidad. Esa estrategia facilita la lectura y protege la voz narrativa frente a modismos que envejecen, pero también puede homogeneizar caracteres si se abusa de ella. En la práctica implica un equilibrio entre fidelidad histórica y claridad dramática, y exige confiar en la capacidad interpretativa del lector.Frases relacionadas
“Las palabras del año pasado pertenecen al lenguaje del año pasado. Las palabras del próximo año esperan otra voz.”
“Más vale una palabra a tiempo que cien a destiempo”
“La palabra una vez hablada, vuela y no torna”
“Las palabras son como los rayos de sol: cuanto más concentradas están, más profundamente queman”
Más frases de Tracy Chevalier
“Tengo un gran respeto por los cuentos: los encuentro mucho más difíciles de acertar que una novela. Una novela es más holgada y te da más margen para alargarte demasiado o cometer errores. En un cuento, en cambio, cada frase, cada palabra, importa, y eso es muy difícil. Creo que es más fácil escribir de más que escribir exactamente lo adecuado.”
“Vivo con ellos mucho tiempo en mi cabeza. Cuando empiezo a escribir sobre un personaje, no los conozco muy bien. Es a través del proceso de escribir, de ponerlos en escenas y contemplarlos —cuando paso más tiempo con ellos— que cobran más carne. Al comenzar a escribir, tengo muchos personajes de los que no sé cuál será su lugar en la novela... Y algunos personajes se retraen a medida que les doy más cuerpo. Creo que realmente no los necesito; no me están aportando nada. O están ahí para un efecto particular, y ya está.”