“Cuando las puertas de la prisión se cierran tras un recluso, no pierde su cualidad humana; su mente no se cierra a las ideas; su intelecto no deja de alimentarse de un libre y abierto intercambio de opiniones; su anhelo de autoestima no termina; ni concluye su búsqueda de autorrealización. Si acaso, las necesidades de identidad y autoestima son más apremiantes en el ambiente deshumanizante de la prisión.”

Thurgood Marshall
Thurgood Marshall

Thurgood Marshall fue el primer juez afroamericano de la Corte Suprema de Estados Unidos, conocido por su destacada labor como abogado de derechos civiles y por la histórica victoria en Brown v. Board of Education. Antes de su nombramiento a la Corte Suprema ejerció en la Corte de Apelaciones y como Solicitor General del gobierno federal.

1908 – 1993

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Significado

Humanidad tras los barrotes

Marshall observa que el encierro no borra la vida interior: la mente sigue pensando, el deseo de reconocimiento persiste y la búsqueda de sentido continúa. Al subrayar esa continuidad, la reflexión reclama dignidad y respeto donde suele dominar la indiferencia institucional. Reconocer la persona detrás de la reclusión altera cómo se perciben la culpa y la sanción: el castigo pierde sentido si destruye aquello que hace a alguien humano.

Implicaciones jurídicas y sociales

Como abogado y juez comprometido con los derechos civiles, Marshall sitúa esta idea en el centro de la práctica penal: prisiones que anulan identidad fomentan daño psicológico y dificultan la reinserción. La consecuencia práctica es clara: políticas penitenciarias deberían facilitar educación, diálogo y oportunidades de autorrealización, no solo imponer privación de libertad. Tratar a los internos como sujetos de derecho es también una exigencia ética del Estado.

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