“Juventud, divino tesoro, ¡ya te vas para no volver! Cuando quiero llorar, no lloro... y a veces lloro sin querer.”

Rubén Darío
Rubén Darío

Poeta y periodista nicaragüense.

1867 – 1916

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Significado

El paradoxo de la juventud perdida

Rubén Darío captura la angustia de quien observa su propia juventud desvanecerse sin poder retenerla. La juventud aparece como un tesoro divino, algo precioso y sagrado que solo se reconoce cuando ya se escurre entre los dedos. El poeta expresa una contradicción fundamental: cuando desea llorar su pérdida, permanece seco; cuando no busca las lágrimas, brotan sin control. Esta inversión emocional refleja la impotencia ante el paso del tiempo, esa fuerza que nos arrebata lo más valioso sin pedir permiso.

Modernismo y melancolía

Escrita a finales del siglo XIX, la cita pertenece al contexto del modernismo hispanoamericano, movimiento obsesionado con la belleza efímera y el paso irremediable del tiempo. Darío, máximo representante de esta corriente, transforma la queja tradicional sobre la vejez en una reflexión profunda sobre la desconexión entre lo que sentimos y lo que deseamos sentir. No se trata de una simple nostalgia, sino de la frustración ante la incapacidad de nuestras emociones para sincronizarse con nuestras necesidades.

Vigencia contemporánea

El verso sigue resonando porque plantea una verdad universal: la consciencia de la pérdida muchas veces llega demasiado tarde. La juventud se vive en automático; el arrepentimiento, paradójicamente, aparece cuando ya no hay marcha atrás.

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