“En general, los argumentos que requieren la mayor delicadeza artística para refutarlos eficazmente son aquellos tan débiles y necios que resulta difícil hacer su absurdidad más patente de lo que ya es. La tarea recuerda la conocida y difícil hazaña de cortar un cojín con una espada.”

Richard Whately
Richard Whately

Arzobispo anglicano y educador británico.

1787 – 1863

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Significado

La delicadeza como técnica argumental

Whately observa que algunos razonamientos son tan pobres que su refutación exige tacto: un contraataque contundente puede parecer desproporcionado y, a la vez, innecesario. La imagen de una herramienta inapropiada para un objetivo blando sirve para mostrar la discrepancia entre fuerza y objeto; el problema no es falta de energía, sino la incapacidad de hacer visible la ridiculez sin convertir la demolición en espectáculo. Esa exigencia de delicadeza no es complacencia, sino precisión retórica.

Contexto e implicaciones prácticas

Como teólogo y lógico del siglo XIX, Whately hablaba desde la preocupación por el buen uso de la argumentación. La lección práctica apunta a evitar tanto la sobreexposición que humilla como la disputa que concede legitimidad a lo absurdo. En debates y en enseñanza conviene elegir estrategias que desactiven la necedad —silencio crítico, preguntas que evidencien contradicciones, brevedad mordaz— en lugar de ostentar poder retórico innecesario.

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