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La paradoja del progreso técnico
Miguel Delibes señala una contradicción incómoda: mientras más sofisticados se vuelven nuestros aparatos y sistemas, más fácilmente aceptamos información sin cuestionarla. La técnica nos proporciona herramientas poderosas, pero simultáneamente nos vuelve crédulos. La proliferación de dispositivos digitales, algoritmos y fuentes de datos no genera pensamiento crítico automático, sino todo lo contrario. Nos seduce la apariencia de objetividad que emana de las máquinas, bajando nuestra guardia intelectual.
Contexto y alcance actual
Esta observación cobra especial relevancia hoy. Delibes escribía en una era donde ya existía televisión y publicidad masiva; lo que vería ahora sobre redes sociales, deepfakes e IA le resultaría alarmante. La facilidad para producir y distribuir contenido amplifica el riesgo: delegamos verificación en algoritmos que desconocemos, compartimos sin leer, confiamos en interfaces amigables como garantía de veracidad.
La lección práctica
El escritor nos alerta sobre una vulnerabilidad fundamental: la sofisticación técnica no acompaña automáticamente al desarrollo intelectual. Requerimos del mismo esfuerzo de discernimiento que siempre fue necesario, ahora aplicado a un entorno infinitamente más complejo. La técnica exige, paradójicamente, más escepticismo, no menos.
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“Para escribir un buen libro no considero imprescindible haber leído el Quijote. Cervantes, cuando escribió el Quijote, aún no lo había leído”
“Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad.”
“Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.”
“La máquina ha venido a calentar el estómago del hombre pero ha enfriado su corazón.”
“No existe la felicidad. A lo largo de la vida hay briznas de dicha que se deshacen como pompas de jabón.”