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Significado
El progreso material y la erosión emocional
Miguel Delibes captura aquí una paradoja fundamental de la modernidad industrial. Mientras los avances tecnológicos resolvieron necesidades básicas como alimentación y confort físico, simultáneamente deterioraron capacidades humanas más profundas: la empatía, la contemplación, los vínculos auténticos. La máquina satisface el cuerpo pero extrae un precio emocional. Este diagnóstico resuena especialmente en el contexto español de mediados del siglo XX, cuando la industrialización acelerada chocaba con tradiciones rurales y formas de vida más lentas.
Implicaciones contemporáneas
La observación de Delibes no defiende un retorno imposible al pasado, sino cuestiona qué ganamos y qué perdemos en cada intercambio. Hoy, con algoritmos que nos alimentan información y dispositivos que conectan a millones, el dilema persiste amplificado. Tenemos más recursos que nunca para resolver problemas materiales, pero menos espacios para la soledad reflexiva, la conversación profunda, el silencio compartido. La pregunta incómoda permanece vigente: ¿a qué precio compramos la eficiencia?
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“Todo artista baña su cepillo en su propia alma y pinta su propia naturaleza en sus cuadros”
“Todos o casi todos distinguen el alma por tres de sus atributos: el movimiento, la sensación y la incorporeidad.”
“¡Como te pareces al agua, alma del hombre! ¡Como te pareces al viento, destino del hombre!”
“Cuando el niño destroza su juguete, parece que anda buscándole el alma.”
Más frases de Miguel Delibes
“Para escribir un buen libro no considero imprescindible haber leído el Quijote. Cervantes, cuando escribió el Quijote, aún no lo había leído”
“Para el que no tiene nada, la política es una tentación comprensible, porque es una manera de vivir con bastante facilidad.”
“Al palpar la cercanía de la muerte, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultamos insoportablemente banales.”
“No existe la felicidad. A lo largo de la vida hay briznas de dicha que se deshacen como pompas de jabón.”
“La medicina ha prolongado nuestra vida, pero no nos ha falicitado una buena razón para seguir viviendo.”