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La vulnerabilidad del lector ocasional
Unamuno señala una paradoja incómoda: quien lee poco carece de herramientas para filtrar lo que consume. Sin una base sólida de lecturas previas, sin el contraste que proporciona la exposición a múltiples autores y perspectivas, resulta más fácil ser manipulado por un único texto. El lector voraz acumula defensas intelectuales, reconoce patrones de argumentación defectuosa, distingue manipulación de razonamiento genuino. El lector esporádico, en cambio, absorbe cada libro como verdad revelada.
Implicaciones en la era contemporánea
Esta advertencia cobra fuerza en nuestro tiempo. Las redes sociales amplifican el problema: muchos absorben información fragmentaria sin el antídoto de la lectura profunda. Un artículo sensacionalista o una noticia falsa encuentran terreno fértil en quien no está acostumbrado a cuestionarse, a leer entre líneas, a exigir evidencia. La solución no radica en leer más, sino en que el lector ocasional se vuelva sistemático. La verdadera inmunidad contra la desinformación surge del hábito de lectura continua y variada, que adiestra la mente a pensar críticamente.
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“La verdadera ciencia enseña, por encima de todo, a dudar y a ser ignorante”
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