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Significado
La pobreza como condición y como fracaso moral
Menandro, dramaturgo ateniense del siglo IV a.C., distingue entre dos realidades aparentemente similares pero moralmente opuestas. La carencia material de origen, argumenta, carece de culpa: nadie elige sus circunstancias de nacimiento. Sin embargo, perder lo que se posee por medio de acciones indignas revela algo sobre el carácter. La vergüenza, según este pensamiento, no reside en la falta de recursos sino en la degradación de la propia dignidad.
Contexto y resonancia contemporánea
En la Atenas clásica, donde la fortuna económica determinaba estatus social, esta afirmación resulta particularmente provocadora. Menandro cuestiona los prejuicios de su época: la idea de que la pobreza heredada marca a una persona. Plantea que la verdadera deshonra emerge de las decisiones propias, no de factores externos. Cada acción corrupta, cada engaño o traición, erosiona lo que ninguna circunstancia adversa puede arrebatar: la integridad personal.
Implicación práctica
La cita sugiere una responsabilidad clara: mientras la situación económica inicial escapa a nuestro control, nuestros actos no. Podemos ser pobres sin vergüenza, pero difícilmente sin culpa si llegamos a serlo mediante conductas ruines.
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“Quien tiene la voluntad tiene la fuerza”
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“Quien tiene la voluntad tiene la fuerza.”
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