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La exigencia de la excelencia en Leonardo da Vinci
Leonardo experimentaba una angustia profunda ante sus propias limitaciones. Su declaración revela cómo vinculaba la calidad del trabajo con una responsabilidad moral que iba más allá del producto final. Para él, la mediocridad no era un simple fracaso técnico, sino una traición a la naturaleza y al conocimiento que había depositado en sus manos. Esta perspectiva refleja su visión renacentista: el artista y el pensador tienen la obligación de contribuir al progreso humano.
La cita plasma también el perfeccionismo que lo paralizaba. Leonardo dejó incontables obras incompletas, proyectos abandonados y teorías sin desarrollar. Su consciencia de esta brecha entre lo que imaginaba y lo que lograba ejecutar generaba una culpa genuina. No se trataba de vanidad, sino de integridad intelectual: creía que entregar algo mediocre equivalía a desperdiciar el potencial de mejorar el mundo.
Esta confesión ilumina una verdad incómoda: la excelencia genuina exige una responsabilidad radical con el propio trabajo. Implica reconocer que nuestras acciones tienen consecuencias que trascienden nuestros intereses personales, afectando a quienes se benefician o padecen los resultados de lo que hacemos.
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“El mal que hacemos es siempre más triste que el mal que nos hacen.”
“No existe para el hombre más que una verdadera desdicha: incurrir en falta y tener motivo de censura contra sí.”
“No hay inocentes, sólo distintos grados de responsabilidad.”
“El mal no está en tener faltas, sino en no tratar de enmendarlas”
Más frases de Leonardo Da Vinci
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“La pintura es poesía que se ve más que se siente, la poesía es pintura que se siente más que se ve”
“La ciencia más útil es aquella cuyo fruto es el más comunicable”
“La sabiduría es hija de la experiencia”
“Nada nos engaña tanto como nuestro propio juicio”