“He ofendido a Dios y a la humanidad porque mi trabajo no tuvo la calidad que debía haber tenido”

Leonardo Da Vinci
Leonardo Da Vinci

pintor, escultor e inventor italiano

1452-1519

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La exigencia de la excelencia en Leonardo da Vinci

Leonardo experimentaba una angustia profunda ante sus propias limitaciones. Su declaración revela cómo vinculaba la calidad del trabajo con una responsabilidad moral que iba más allá del producto final. Para él, la mediocridad no era un simple fracaso técnico, sino una traición a la naturaleza y al conocimiento que había depositado en sus manos. Esta perspectiva refleja su visión renacentista: el artista y el pensador tienen la obligación de contribuir al progreso humano.

La cita plasma también el perfeccionismo que lo paralizaba. Leonardo dejó incontables obras incompletas, proyectos abandonados y teorías sin desarrollar. Su consciencia de esta brecha entre lo que imaginaba y lo que lograba ejecutar generaba una culpa genuina. No se trataba de vanidad, sino de integridad intelectual: creía que entregar algo mediocre equivalía a desperdiciar el potencial de mejorar el mundo.

Esta confesión ilumina una verdad incómoda: la excelencia genuina exige una responsabilidad radical con el propio trabajo. Implica reconocer que nuestras acciones tienen consecuencias que trascienden nuestros intereses personales, afectando a quienes se benefician o padecen los resultados de lo que hacemos.

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